✨ “Pequeñas acciones conscientes que transforman tu día, sin forzarte a cambiar.”
Cómo elevar tu frecuencia y regresar a ti | Impulso Diario
Hay días en los que la mente se acelera, el cuerpo se tensa y algo dentro se siente desconectado. No siempre ocurre por un problema concreto; a veces simplemente perdemos presencia. A mí también me ha pasado. Momentos en los que despiertas con el pecho apretado, los pensamientos dispersos y una sensación difícil de nombrar. Con el tiempo entendí algo importante: no siempre es la vida la que pesa, sino el estado interno desde el que la estamos viviendo. Este artículo no propone soluciones instantáneas ni cambios milagrosos. Comparte una práctica breve de reconexión que puede ayudarte a regresar al presente cuando sientes que tu energía está dispersa.
Adrián Gonzalez
12/9/20252 min leer


Cuando la mente se adelanta y el cuerpo se queda atrás
La mayoría del malestar cotidiano no surge de lo que ocurre, sino de cómo la mente se adelanta constantemente al futuro o se queda atrapada en el pasado. El cuerpo, en cambio, siempre vive en el ahora.
Regresar a ti no requiere entenderlo todo. A veces basta con detener la inercia mental y volver a lo que ya está ocurriendo: tu respiración, tu cuerpo y tu atención.
La respiración como ancla al presente
La respiración consciente no es una técnica para “arreglarte”, sino una forma de recordarle al cuerpo que está a salvo.
Un ejercicio sencillo consiste en:
Inhalar lentamente
Hacer una breve pausa
Exhalar con mayor suavidad
Al repetir este ciclo, el ritmo interno comienza a estabilizarse. No se trata de forzar calma, sino de permitir que aparezca.
La calma no llega desde afuera.
Se construye desde la atención.
Volver al cuerpo y al corazón
Cuando la mente se dispersa, el cuerpo sigue disponible. Llevar la atención al pecho o al ritmo de la respiración ayuda a recuperar sensación de presencia.
Algunas personas utilizan frases internas simples como:
“Estoy aquí”
“Este momento es suficiente”
“Puedo habitar este instante”
No como afirmaciones mágicas, sino como recordatorios de ubicación interna.
Elegir un enfoque más amable
No siempre podemos cambiar lo que ocurre, pero sí podemos elegir desde dónde lo miramos. Un pensamiento más amable no niega la dificultad; la vuelve más habitable.
A veces basta con permitir una idea menos rígida:
Confiar un poco más
Exigirse un poco menos
Escucharse antes de reaccionar
Ese pequeño ajuste interno cambia la forma en que atravesamos el día.
El movimiento y la energía corporal
El cuerpo procesa lo que la mente no alcanza a ordenar. Un movimiento suave, un estiramiento breve o una respiración profunda ayudan a liberar tensión acumulada.
Mover el cuerpo no es huir del problema; es volver a sentirte vivo y presente.
El valor de la gratitud consciente
La gratitud no consiste en negar lo que duele, sino en reconocer lo que sostiene. Puede ser algo simple: el cuerpo que respira, un espacio de silencio o el hecho de seguir aquí.
Este gesto interno suele generar una sensación de apertura que facilita el equilibrio emocional.
Regresar a ti no es un logro, es un hábito
No se trata de alcanzar un estado permanente, sino de volver cada vez que te pierdes. Tu energía cambia cuando tu atención regresa al presente, y desde ahí la experiencia cotidiana se vuelve más clara y menos pesada.
Tu centro no se pierde.
Solo se olvida momentáneamente.
Una sugerencia complementaria
Algunas personas encuentran útil acompañar estos momentos de pausa con música o meditaciones guiadas que faciliten la relajación y la introspección. Si decides hacerlo, que sea como apoyo, no como dependencia.
Escrito por Ing. Adrián González
Fundador de Impulso Diario
Este contenido es informativo y reflexivo. No sustituye acompañamiento psicológico, médico o profesional.
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