Una historia no se cuenta para enseñar

Relatos personales compartidos sin moraleja. Momentos reales narrados desde la experiencia, no desde la conclusión.

HISTORIAS

Impulso Diario

1/17/20261 min leer

No todas las historias llegan con un mensaje claro.
Algunas aparecen solo porque algo fue vivido y necesita ser dicho, aunque no se sepa por qué.

Esto no es un relato para inspirar ni para demostrar nada.
No hay una enseñanza escondida ni una conclusión que debas encontrar al final.

Es solo un momento.

Un fragmento de vida que ocurrió sin pedir permiso,
sin estructura,
sin intención de convertirse en ejemplo.

A veces una historia nace de un silencio incómodo.
Otras, de una conversación que quedó incompleta.
O de una sensación que no supo explicarse en el momento.

No todo lo que se vive se entiende al instante.
Y no todo lo que se cuenta necesita tener sentido.

Aquí no se escribe para cerrar ciclos,
ni para ordenar el pasado,
ni para convertir la experiencia en una lección empaquetada.

Se escribe para dejar constancia.
Para mirar lo que fue sin corregirlo.
Para permitir que una vivencia exista tal como ocurrió.

Las historias que habitan este espacio no buscan que estés de acuerdo.
Tampoco que te identifiques.
Mucho menos que saques una conclusión rápida.

Si algo de lo que lees te resulta familiar, bien.
Si no, también.

Una historia no tiene que servir.
No tiene que sanar.
No tiene que transformar.

A veces basta con haber sido vivida
y luego compartida
con honestidad.

Eso es todo.